Pariré con Placer

junio 11, 2007 obstmarina

Que cómo fue mi parto?

Divertido
Acompañado
Energético
Retenido
Liberado
Liberador

Durante el trabajo de parto me acompañó mi compañero José Luis. Caminábamos por la casa buscando posiciones. Cuando ascendía la intensidad de la contracción, intercambiábamos energías a través de las manos, dando y recibiendo. Yo sacaba la voz a través de la repetición del sonido Ah! sin gritar para no desperdiciar energía. No era un grito, era un sonido, casi un mantra y la voz subía y bajaba acompañando la contracción, siendo parte del rito y así Jóse sabía qué era lo que yo iba sintiendo. A las 15hs. las contracciones comenzaron a ser más intensas, duraderas, rítmicas, respetaban una frecuencia. Justo en esos momentos llamó Marina, nuestra partera, que evidentemente estaba conectada con nosotros a través de todo lo que habíamos conversado, trabajado, compartido y acordado durante los encuentros previos al parto. Le contamos sobre las contracciones que recién comenzábamos a anotar y nos dijo que fuéramos practicando en estas primeras, todavía no tan intensas, como atravesarlas y que el parto podía no acontecer pronto, que no nos pusiéramos ansiosos.

Nos dispusimos a vivir a pleno aquel tiempo y en todo momento estuvo presente en mí la existencia de ese ser que pujaba conmigo. Era nuestra primera tarea juntos y ya habíamos conversado en la panza sobre la coordinación que debíamos tener en el tiempo del trabajo de parto y el parto. Aún no sabíamos si era nena o varón pero con certeza era un ser maravilloso con quien habíamos compartido mi cuerpo y ahora llegaba el momento de salir, de ser independiente del cuerpo de mamá, aunque su autonomía yo ya la sentía desde mucho antes, cuando se movía, se dormía y se despertaba a sus horas dentro de mí. Ya tenía ganas de recuperar mi cuerpo. El embarazo duró 42 semanas (9 meses y medio!!) y si así lo dispuso la naturaleza sus razones habrá tenido. Simón nació con 2.740 gramos y midió 53 cm. Nació muy cansadito de tanto pujar pero en cuanto descansó agarró la teta sin problema.

Volviendo al trabajo de parto: ya pasadas las 3 de la tarde y con varias contracciones anotadas como habíamos aprendido en aquel “curso de preparación para parejas” me metí en la bañadera con agua tibia y Jóse calentó varias ollas de agua para que no se enfriara. El agua tibia me relajó y también aceleró el parto. Jóse me echaba agua sobre el cuerpo con un jarrito. Yo estaba recostada de lado y sentía su voz que me hablaba pero no lograba seguir la conversación. Mi ser, mi alma, mi mente se iban de allí y luego regresaban mientas mi cuerpo se abría. En un momentos Jóse miró asombrado mi vulva y dijo: “estás reabierta” (mis labios se abrían y cerraban por la presión de la cabeza de Simón). Allí sentí que me iba y dije: “no puedo más, se me sale!”. El trabajo de parto estaba siendo tan llevadero que no nos dimos cuenta y los pujos nos tomaron por sorpresa. Jóse llamó a Marina que inmediatamente gritó por el teléfono: “Salí del agua, voy para allá”. Pegué un salto y salí de la antigua bañera con dilatación completa y con Simón presto a nacer.

Marina llegó literalmente volando (su marido Beto es piloto civil, las parteras deberían viajar en helicópteros). Mientras que llegaba me acosté en la cama y comencé a sentir una fuerza increíble que pujaba desde mi vientre hacia el exterior, una energía indescriptible que nada tenía que ver con el dolor. Junto con los pujos sentía un ardor, una especie de gusto amargo en la garganta y un poco más abajo también, que se retiraba justo cuando el pujo acababa.

Retuvimos a Simón durante siete pujos hasta que llegara la partera. Cuando llegaba el pujo yo le pedía a Jóse que me sostuviera la cola. Cuando pasaba él iba preparando tijeras, zaleas y todos los elementos que habíamos aprendido necesitaríamos durante el parto. Salían de mí líquidos diversos que Jóse limpiaba con cuidado y afecto mientras me decía que estaba todo bien e iba contándome: “en 15´ llega Marina, en 10´ llega Marina, en 5´llega Marina”. Sinceramente nunca sabré si retenerlo fue lo mejor pero veía en Jóse una cara de susto que tal vez fuera sólo el reflejo de la mía. En ningún momento tuve miedo. Era el parto que había soñado: solos, autónomos, felices, conectados.

Marina llegó exactamente en el tiempo que habíamos pautado y entró saludando con toda su dulzura. Mientras se lavaba las manos y Jóse buscaba algo al lado mío yo me relajé, di vuelta sobre mi cuerpo poniéndome boca arriba y abrí las piernas. Un grito salió de mí, o del fondo de la tierra a través de mí. No es un grito de dolor, es un grito de poder. La cabeza de Simón ya se asomaba y Jóse se dispuso a recibirlo. Me contaron que salió en tres veces la cabeza pero yo sentí una sensación completa, de un instante muy rápido. Jóse sostuvo la cabeza para que no saliera con violencia, no se lastimara y yo no me desgarrara. Marina salió corriendo del baño donde se lavaba las manos y colocándose los guantes se acercó, sacó las dos vueltas de cordón con que Simón se había adornado para tan sublime momento y acompaño a Jóse mientras salía el cuerpito en sólo dos pujos más. Inmediatamente y con el cordón latiendo lo colocaron sobre mi cuerpo. Todo se precipitó tan rápido que, paradójicamente, ni siquiera llegué a incorporarme para parir. Tal vez así dispuso la naturaleza que fuera ya que con mi baja presión es posible que sentada me hubiera mareado.

No sentí agotamiento, no sentí dolor, no tuve desgarros ni suturas y una episiotomía ni siquiera estaba contemplada como posibilidad. Le pregunté a Marina si tal vez el parto habría sido tan maravilloso y sencillo porque Simón era chiquitito y me dijo que había estado en otros partos de bebés aún más chicos y había habido desgarros. Allí confirmé cuan conectados estábamos los tres y que excepcional compañera y profesional había sido Marina.

Un rato después llegó Mónica, mi amiga y hada madrina de Simón. Mientras yo intentaba alumbrar la placenta ella le puso su primer pañal y lo vistió. Fue la mejor persona que podría haber estado allí con él.

Hoy Simón cumple una semana y aumentó 310 gramos. Sigue siendo largo aunque ya no tan finito. Es un amor, maravilloso, y nosotros aprendemos cada minuto como ser de a tres, circulando esta nueva energía que se suma a las nuestras creando un círculo aún más poderoso.

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